Nace una madre…

Antes de tener a mis hijos, recuerdo nítidamente que observaba asombrada y criticaba duramente el comportamiento “inapropiado” de las madres en mi entorno. Me juré que yo nunca actuaría así con mis hijos.

Por supuesto que cuando tuve a mis hijos cometí todos los errores de todas las madres del mundo. Hacemos con nuestros hijos lo que podemos de buena fe y en el camino obviamente cometemos errores ya que ninguna es perfecta ni infalible.

Socialmente solo comentamos los aspectos maravillosos y satisfactorios de la maternidad, pero dar a luz es un cambio de posición radical en la vida, el nacimiento de un hijo viene a la par con el “nacimiento” de una madre, es decir una mujer que tiene que aprender a ubicarse en el contexto de las madres que la precedieron. Ser madre como su madre y su abuela, o mejor que ella o distinta de ella.

Nada nos prepara para la intensidad de sentimientos que nos invaden cuando sostenemos en brazos por primera vez a nuestro hijo. La abrumadora responsabilidad de una vida que depende de nosotros por entero, y el cuestionamiento constante de si estaremos preparadas, si podremos hacerlo, si lo estamos haciendo bien, el feroz sentimiento de propiedad- que nadie lo toque- o el patético pedido de ayuda porque “yo no voy a poder”.

Cuando somos madres por primera vez, sufrimos una serie de sentimientos, con frecuencia, que son confusos y contrapuestos, y que nos inundan: desde el miedo, la angustia e incluso el rechazo, hasta el inmenso amor que pretende poderlo todo. Cada madre experimentara estos sentimientos con su particular combinación dependiendo de su historia y su estructura psíquica.

Para algunas el amor es inmediato, una mirada basta para establecer la conexión poderosa e indisoluble con la criatura que creció dentro de ti. Para otras la criatura que nace es un extraño al que hay que ir conociendo paso a paso con el que hay que familiarizarse poco a poco en un proceso de adopción mutual que requiere paciencia y trabajo.

Para algunas el niño es fácil, la química funciona, el niño se acopla a las expectativas.
Para otras es difícil, el niño no empata en lo esperado quizá su aspecto físico nos sorprende o llora mucho, o es exigente, no se calma y requiere mas atención de la que se pensaba. Cada niño es especial desde que nace y rara vez se ajusta a lo que se espera de él o al proyecto o ilusión que teníamos de como iba a ser nuestro hijo. Asumir la diferencia entre lo que es y lo que esperábamos, es el trabajo que con frecuencia le toca a una madre. La inmensa mayoría lo logra, se produce la adopción recíproca y la vida sigue!

Bienvenidas al mundo de las madres!

EDDA PAIMANN, es Psicóloga Clínica y Psicoanalista.
Consultorio: Suiza N 33-91 y Eloy Alfaro
Teléfono: 2 242 975 ~ Celular: 098 246 356
iepaimann@yahoo.com



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Edda Paimann

EDDA PAIMANN, es Psicóloga Clínica y Psicoanalista con 20 años de experiencia en trabajo con niños y sus padres. Ha sido Psicóloga del Taller Infantil “Alouette” durante los últimos 10 años y ha dado talleres de comunicación Padres-Hijos, tales como “Padres Eficaces PET” y “Como hacer que a tu hijo no le afecte el estres”. Edda es graduada de la Universidad Católica y ha participado en varios Seminarios de Psicoanálisis en Quito y en EEUU. Aparte de su carrera, Edda es madre de 5 hijos y una feliz abuela de 8 nietos. Ella contribuye con artículos relacionados a psicologia infantil y familiar a QuitoBebes.com y responde a preguntas relacionadas con psicologia en nuestro foro. Te puedes contactar con ella a la siguiente dirección: EDDA PAIMANN Psicóloga Clínica y Psicoanalista Consultorio: Suiza N 33-91 y Eloy Alfaro Teléfono: 2 242 975 ~ Celular: 098 246 356 iepaimann@yahoo.com

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